Acerca de la Piel


Todo sobre el acné


El acné es una de las enfermedades más comunes de la piel, ya que puede llegar a afectar al 60-80% de la población entre 11 y 30 años, aunque su mayor incidencia se produce durante la adolescencia. Es un padecimiento con evolución crónica, que suele ser más frecuente y severa en varones, aunque en la mujer puede ser más persistente.
Son muchos factores los que se encuentran involucrados en el desarrollo del acné, siendo el factor genético y los cambios hormonales los determinantes cardinales en la respuesta de la glándula sebácea a los estímulos hormonales, lo que da lugar a un aumento de la producción de sebo en la cara y en el pecho, es decir al desarrollo de acné. Por otra parte existen tapones de queratina que facilita la obstrucción de la salida del folículo, factores que favorecen el crecimiento de bacterias lo que conduce a una infección secundaria.
La piel aparece con un aspecto brillante y grasiento, con diferentes tipos de lesiones superficiales hasta profundas; podemos encontrar puntos blancos, negros, pápulas, pústulas, nódulos y cicatrices.
El tratamiento deberá realizarse a partir de establecer el diagnóstico, sin necesidad de esperar la aparición de lesiones graves. Cada tipo de acné requiere de un tratamiento específico y es importante saber optar según las lesiones por el tratamiento el más adecuado. El tratamiento habitual se dirige al uso de dermolimpiadores, exfoliantes, bloqueadores solares, antisépticos, antibióticos tópicos y orales y retinoides ya sean solos o combinados.
El acné en el adolescente constituye un desafío, ya que nos enfrentamos con una patología de largo desarrollo, alta prevalencia, de impacto variable en la autoimagen y con una variada cantidad de mitos y temores. El manejo de los mecanismos causales a través de una terapéutica adecuada, conseguirá que esta enfermedad no provoque secuelas psicológicas ni físicas.


Cuidados generales para una piel sana


La piel es el órgano más grande del cuerpo y es útil para proteger al organismo contra la entrada de microorganismos, contacto con agentes tóxicos y radicación de rayos UV. Además, juega un papel vital en el equilibrio de líquidos, temperatura y formación de vitaminas.
La piel está expuesta de manera continua a factores que contribuyen a la formación de sustancias dañinas por tabaquismo, el medio ambiente, pesticidas, contaminantes del aire, bebidas alcohólicas, solventes, mala alimentación, falta de sueño y radiación ultravioleta, entre otros, lo cual favorece su deterioro en forma prematura, aunque a edades tempranas no sea evidente.
Para lo anterior, es importante considerar las siguientes reglas para el buen cuidado de la piel:

Actualmente existen dermolimpiadores, exfoliantes, protectores solares, hidratantes y champús medicados para cada necesidad y tipo de piel.


Hablando de limpieza y humectación


Es muy importante que conozcas tu tipo de piel (normal, sensible, mixta, grasa o seca) para buscar productos específicos que se adapten a nuestro estilo de vida.
Sin importar tu edad y tipo de piel, los dermatólogos recomiendan lavar el rostro por las mañanas y noches para limpiar impurezas y eliminar bacterias; para ello se sugiere hacerlo con agua tibia, procurando que tus manos estén limpias.
Opta por productos dermolimpiadores que no contengan alcohol o químicos fuertes. Actualmente existen Dermolimpiadores en espuma, geles o cremas acorde a cada necesidad.
Hidratar tu piel es básico y es la única forma de evitar arrugas prematuras y signos de envejecimiento. Como regla general, puedes humectar ligeramente la piel en primavera/verano e intensamente en temporadas frías, además de tomar mucha agua para mantener tu piel suave e hidratada.


Protección y cuidado piel


Hoy en día parece imposible mantener la piel alejada del sol, por ello los expertos te recomiendan añadir en el día a día un protector solar, ya que no sólo nos protege de los inconvenientes de los rayos UV sino también de las futuras enfermedades de la piel, como queratosis actínica y cáncer; adicionalmente los rayos del sol aceleran el proceso de envejecimiento, ocasionando manchas y daño en general de la estética de tu piel.
Para tener un mejor efecto de protección, se recomienda aplicar el protector solar 20 minutos antes de la exposición al sol y emplearlo de manera regular, ya que la transpiración, la humedad y otros factores como el agua favorecen su eliminación. El término “FPS” hace referencia al factor de protección solar, es decir al número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema o enrojecimiento previo a la quemadura
Actualmente existen productos con avanzados sistemas de protección solar como “filtros, pantallas físicas, pantallas orgánicas etc” en presentaciones en crema, gel y spray para cada necesidad y para todo tipo de piel. Es importante que se encuentren avalados por Skin Cancer Foundation, ya que es la única organización internacional dedicada exclusivamente a la educación, la prevención, detección temprana y tratamiento oportuno de cáncer más común del mundo.
Además de la protección solar, es recomendable para tener una piel sana utilizar de manera regular dermolimpiadores, hidratantes y exfoliantes.


Dermatitis seborreica: piel grasa y caspa


La dermatitis seborreica es un estado inflamatorio muy común que se produce en aquellas zonas de la piel con mayor cantidad de glándulas sebáceas como en cara “párpados, detrás de las orejas y nariz” y cuero cabelludo, principalmente.
Puede afectar tanto a adultos como a lactantes y está asociada a aquellos periodos de vida donde hay mayor actividad sebácea, consecuencia en la mayoría de los casos de un estímulo hormonal. Su severidad y recurrencia prevalece en los meses de invierno, en etapas de estrés o cuadros de depresión.
En la dermatitis seborreica podemos observar una piel con exceso de grasa, coloración rojiza y con descamación fina, acompañada de comezón e inflamación. De acuerdo a su evolución, existen periodos de recaídas, así como de remisión de duración variable, llegando a desaparecer de modo temporal.
El objetivo del tratamiento va dirigido al control de los síntomas, regulando el exceso de producción de sebo y escamas, mejorando así el aspecto estético del paciente y con ello su calidad de vida. De acuerdo a la severidad del caso y a las áreas de piel afectadas, será el tipo de tratamiento que se deberá emplear. Para ello, las recomendaciones vigentes señalan utilizar medicamentos de primera línea para obtener beneficios terapéuticos superiores.


Lesiones en la piel por verrugas


Las verrugas son prominencias o lesiones en la piel causadas por virus, que en la mayoría de los casos son inofensivas, pero antiestéticas; pueden desaparecer de modo espontáneo al cabo de un tiempo, o bien sobreinfectarse.
Las verrugas suelen propagarse de un lugar del cuerpo a otro, contagiarse de una persona a otra, principalmente en aquellos en el que su sistema de defensa se encuentra decaído debido a diferentes factores, siendo el estrés y la malnutrición los factores más comunes de inmunodepresión.
Existen muchas formas de verrugas. La más frecuente es la verruga común, la cual se observa como una formación callosa redonda, con una superficie áspera que se eleva sobre el resto de la piel. Dependiendo del tipo de virus, la zona afectada será diferente: manos, cara, cuello, pies, zona ano-genital, axilas, o cualquier otra parte del cuerpo. Las verrugas pueden seguir dos cursos, desaparecer de manera espontánea en meses o permanecer y seguir creciendo.
Es recomendable para prevenir el contagio de verrugas evitar el contacto directo con éstas, ya sean propias o de otra persona.
Existen muchos remedios populares para eliminar una verruga, pero casi todos ineficaces o bien pueden dejar cicatrices o lesiones en tu piel. No se recomienda extraerla cortándola, quemándola, rompiéndola, arrancándola ni siguiendo ningún procedimiento de este tipo, ya que la verruga contaminaría otras partes de la piel.
Aunque las verrugas no representan un problema serio para la salud en la mayoría de los casos, hay que tratarlas con cuidado y por un especialista. En la actualidad existen muchos tipos de tratamiento para las verrugas, incluyendo técnicas de cirugía y láser; sin embargo por eficacia y costo se recomiendan utilizar tratamientos tópicos, previa revisión por un especialista.


Vitíligo


El vitíligo es una enfermedad de la piel, caracterizada por la aparición de manchas blancas como resultado de la pérdida del pigmento, siendo las áreas más comúnmente afectadas la cara, labios, manos, brazos, piernas y áreas genitales.
Afortunadamente es un padecimiento poco frecuente, y en la mayoría de los casos no representa un problema de salud, excepto por la afección estética.
A pesar de múltiples investigaciones no se sabe a ciencia cierta cuál es la causa que origina el vitíligo, se sabe que las células encargadas de la pigmentación de la piel “melanocitos” mueren o no pueden producir melanina; el curso y la severidad de la pérdida del pigmento varía con cada persona.
Aunque existen diversas opciones terapéuticas, ninguna es totalmente eficaz, la tasas de éxito es variable. El paciente con vitíligo debe conocer la naturaleza de su enfermedad y las limitaciones del tratamiento, y hacer uso de medidas generales como la protección solar para evitar quemaduras y el uso de cosméticos para “camuflajear” las lesiones.
El objetivo del tratamiento mientras se desconozca el origen de la patología, es estabilizar el proceso de despigmentación, así como repigmentar las zonas afectadas. Existen productos dermatológicos con agentes antioxidantes naturales, que brindan protección a las enzimas frente al medio ambiente, para darles mayor estabilidad y facilitar su ubicación en la superficie de la piel en donde van a ser liberadas, también llegan hasta el interior del melanocito con el fin de restaurar la integridad y restablecer la síntesis de la melanina.
El manejo de pacientes con vitíligo constituye un desafío, ya que nos enfrentamos con un padecimiento de largo desarrollo y progresivo, de impacto variable en la autoimagen y con una variada cantidad de mitos y temores. Es importante consultar con un dermatólogo profesional cualificado ya que cada paciente y cada caso específico requiere de atención personalizada.


Tipos de piel


Cuidar la piel para que se encuentre en óptimo estado, no sólo reporta beneficios estéticos, sino también una mejora en el desempeño de sus funciones.
Hay cuatro tipos básicos de piel sana: normal, seca, grasa y mixta. De manera convencional el tipo de piel se determina genéticamente. No obstante, el estado de nuestra piel puede variar considerablemente según los diversos factores internos y externos a los que es sometida y para ello encontramos 4 tipos:
Piel "Normal" es un término utilizado ampliamente para referirse a la piel bien equilibrada o sana.
Piel "Seca" se utiliza para describir un tipo de piel que produce menos grasa que la piel normal. Como consecuencia de la falta de sebo, la piel seca carece de grasas que necesita para retener humedad y formar un escudo protector frente a influencias externas
Piel "Grasa" se utiliza para describir un tipo de piel con producción acrecentada de sebo. En aquellos casos donde existe una producción exagerada se le conoce como seborrea.
Piel “Mixta” es, como su nombre indica, una piel que consta de una mezcla de tipos de piel, tanto seca como grasa.
Los productos para el cuidado de la piel deben seleccionarse para que se adapten al tipo de piel y mejoren el estado de salud de la misma. Los dermatólogos y otros expertos en el cuidado de la piel te pueden indicar cuales son los productos más convenientes para ti.